Guadalupe Amor
"En algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia"
Miguel de Cervantes
Corría un viernes por la mañana y como cada semana fui a la Biblioteca Central para renovar y/o tomar libros nuevos. Siempre me gusta llegar y ver con que sorpresa me voy a encontrar, como cito en la frase del apartado superior. Sin embargo, ese día me encontraba sin inspiración alguna, sin encontrar algún libro que fuera de mi atención, y el que encontraba al leer unos cuantos versos (por lo general siempre me dirijo al área de poesia) no me terminaba por enganchar.
En un instante de divagación me encontré en el estante con "La náusea" de Sartre, novela que anteriormente había intentado leer y no me fue posible terminar, debido a su densidad y pesadez. Sin embargo, en esos momentos sentía como si una nausea, la sensación que el autor describe en las primeras páginas y que es profundamente existencialista, me estuviera invadiendo. Así que tome el libro para acercarme de nuevo a esa nausea, describirla y transmitirla. Pero eso ya será tema para otro post.
Y bien, no me quería ir sin un libro de poesía. Poesía pura y dura, que si bien en ese momento no tenía muchos ánimos de leer, tal vez mañana o en la semana lo haría, pero tenía que leer aunque fuera un poema. Así que seguí buscando y dí con el nombre de una autora un poco peculiar "Guadalupe Amor". De entrada me pareció cursi al punto de diabetico el alias de la autora. "Un libro de poemas cursis, como esos que me gustan, pero que en este momento no me llaman" pensé. Sin embargo, y por puro instinto leí el primer poema, y dije "esto es bueno, es muy bueno, simple, breve, profundo" y dios que si, maldita sea, era justo lo que necesitaba, lo que buscaba.
La autora maneja un lenguaje tan simple, pero tan profundo sin necesidad de caer en metaforas en las que no tienes que rebuscar e interpretar. Y no, no son poemas de amor que te causan diabetes.
IV
Camino que a veces veo
como un abismo angustioso,
pero que otras veces creo
un monte maravilloso.
¿Por qué si negro pareces,
mostrárteme quieres blanco?
¿Por qué si brillante creces,
de pronto te tornas llanto?
Rara condición la mía
de visión tan exaltada:
mi dicha y mi fantasía,
mi pena, dolor y . nada.
IX
Cada vez que a un camposanto
llego por casualidad,
en vez de ver tumbas, veo
vidas que viviendo están.
Cuando yo salgo a la calle
y miro gente reunida,
me parece que dormida
o muerta la gente está.
En vez de figuras creo,
muchas lápidas mirar,
y sus cuerpos imagino
rígidos de eternidad.
XIII
¿Qué es lo que mi mente encierra,
que no puedo descifrar?
¿Qué es esta nada que yerra
y que no logro expresar?
No hay lenguaje con qué hablarlo;
no está ni en el pensamiento,
es algo de más adentro,
pertenece a otras regiones.
No pretendo penetrarlo;
soy toda limitaciones.
XVI
Mi pensamiento siempre tan constante,
hay momentos que aterra por su hondura,
pues se agiganta en ritmo y en altura
y provoca un infierno desbordante
de angustia y caótica locura.
Todo en él se proyecta con tortura,
las ideas de atrás pasan delante,
los placeres se fingen amargura,
las penas dramatizan el instante.
En un desfile eterno y enervante
van pasando las ansias de mi vida,
y comparten la lucha maldecida
de esta gran pesadilla de mi mente,
que piensa que no existe lo existente.
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