La sombra dentro de uno mismo




A veces uno lee cosas que le llegan pero que olvida, ¿cuántas de ellas no deberíamos recordarlas o volverlas a leer en ciertos momentos en los que sentimos perecer o en los cuales nos cuesta definir lo que sentimos? 

Hay textos en los que encontramos consuelo, en los que, a veces a merced de nuestra interpretación, nos identificamos, nos encontramos. 

Este es un poema de Rubén Darío, es de una antología del mismo, que se encuentra en la Biblioteca Central. La primera vez que lo leí me pareció una chingonería. Es un poema introductorio que, a mi interpretación, abarca todo un periodo de vida. Lo he condensado, igual pueden buscarlo en Google para leerlo completo "Epístolas y poemas".

Introducción
 
I
¡Salve, dulce Primavera,
que en la aurora de mi vida
me diste la bienvenida!
Tú ríes en la ribera
mientras yo en mi embarcación
camino del remo al son
por el piélago azulado...
¡ay, qué llevaré guardado
dentro de mi corazón!
 
III
En el alba de la vida
todo es luz esplendorosa.
¡Qué esperanza tan hermosa
es la esperanza nacida!
¡Oh, primavera florida!
¡cuántas aves! ¡cúanta flor!
¡cuánto divino rumor!
turba la apacible calma,
cuando se despierta el alma
al primer beso de amor!
 
IV
Los que traemos por dón
de suprema excelsitud,
de la cuna al ataúd
el ser de la inspiración,
brindamos al corazón
el celestial elixir
que hacer querer y sentir,
y en un inmenso anhelar,
luchamos por penetrar
el velo del porvenir.
 
VII
La sombra dentro uno mismo;
duda que infunde temor;
en el pecho el torcedor
y en la cabeza el abismo.
Cáncer del escepticismo,
ya no despedaces más
las conciencias en que estás.
El hombre en el mundo errante,
lleva la tumba adelante
y la negra noche atrás.
 
VIII
¿Qué es esa siniestra esfinge
que no nos deja avanzar?
¿por qué venir a borrar
las dichas que uno se finge?
¿por qué nuestra fe restringe
y aumenta nuestra ansiedad?
¿y por qué en tan corta edad
lucha enorme, duda fiera?...
Primavera, Primavera,
tú no dices la verdad.
 
IX
En tus promesas divinas
no me hablaste de dolores,
ni de tus pintadas flores
me enseñaste las espinas;
bajo las ondas marinas
hay escollos que temer;
ya tierra no alcanzo a ver
y mi costa no la encuentro,
porque ya estoy mar adentro
y no me puedo volver.
 
X
Mi fe de niño ¿do está?
me hace falta, la deseo:
batió las alas y creo
que ya nunca volverá;
porque la fe que se va
del fondo del corazón
tiene origen y mansión
en lo profundo del cielo,
y cuando levanta el vuelo
jamás torna a su prisión.
 
XI
La edad presente es de lucha:
es preciso, pues, luchar;
no se puede descansar
entre el ruido que se escucha;
la vacilación es mucha,
ya está muy crecido el mal;
se consume el ideal;
se va Dios: ¡esto es horrible!
contener es imposible
esa gangrena moral.
 
XII
¿Y el poeta? El que eso es
puede salvarse; que aliente;
que haga la luz en su mente
y la dé al mundo después;
que de la sombra al través
sople como el huracán;
y que diga a los que están
ya sin vida:"¡levantaos!";
y que redima del caos
la descendencia de Adán.
 
XIII
Que trenue la profecía
en su palabra de fuego;
que cual sacrosanto riego
esparza la poesía;
que en la miel de la armonía
dé el filtro de la verdad
que muestre a la humanidad
lo luminoso y lo santo;
y que se escuche su canto
por toda la eternidad.
 
XIV
Aquí en este libro tengo
dichas que me satisfacen,
dolores que me deshacen,
ilusiones que mantengo.
Ignoro de dónde vengo
ni a dónde voy a parar;
he empezado a navegar
ignota playa buscando,
y voy bogando, bogando
sobre las aguas del mar.
 
XV
No sólo hay dicha ideal
en este largo camino,
no sólo frescor marino
y caricias del terral;
turban la onda de cristal
vagos soplos de perfidia:
tras el escollo la insidia,
e hipócrita el odio oculto,
hace saltar del tumulto
las espumas de la envidia.
 
XVI
La burla se ceba
en los de buen corazón;
hay para la inspiración
rudos momentos de prueba;
hay quien hiel amarga beba
sin dejarlo conocer.
¿Ponzoñas? hay por doquier:
la lengua de un cortesano,
la falsía de un villano
y el amor de una mujer.
 
 
XX
Niña de los ojos negros,
niña, no te desconsueles;
mis más deleitosas miles
son para tus labios rojos;
soy siervo de tus antojos,
y para ti ha de cantar
con acento singular
tu poeta enamorado...
Pero, niña, ten cuidado,
no me vayas a engañar.
 
XXI
Si en algunos de mis versos
hay versos envenenados,
seguid, lectores honrados,
que son para los perversos.
Yo tengo tonos diversos
en las cuerdas de mi lira;hay en mis canciones ira
y son mis frases puñales
para ruines y desleales,
para el dolo y la mentira.
 
XXII
Mas también tengo un laúd
de suave y tierna dulzura
para cantar la hermosura,
la nobleza y la virtud;
me da alas mi juventud,
tengo fe en el porvenir,
y contemplo relucir
mis brillantes ilusiones
cual bellas constelaciones
en un cielo de zafir.
 
XXIII
Ya habéis visto la portada
de mi mansión, entrad pues...
De blanco tul a través
me ríe la madrugada:
pienso en Dios, pienso en mi amada;
miro la inmensa extensión
del cielo; dulce impresión
embarga mi pensamiento.
¡Y después de todo, siento
que algo hay en mi corazón!

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